Mis ojos no son verdes como la naturaleza,
ni azules como el cielo.
Son del color de la tierra,
esa que sostiene raíces,
esa que da vida a todo lo que florece.
Con esos ojos aprendí a mirar la pobreza sin miedo,
a reconocer la bondad en las manos que ayudan,
a soñar con un futuro distinto.
La tierra me enseñó que todo germina
si se siembra con paciencia y amor.
No busqué brillos falsos ni riquezas vacías.
Busqué sembrar ideales,
regar con esfuerzo,
cuidar con ternura.
Y así, poco a poco,
mi vida se volvió un campo abierto,
donde otros también pudieron sembrar sus sueños.
Porque los ojos de tierra no miran solo para sí:
miran para todos,
para el prójimo,
para el mañana.
Y en ellos late la certeza
de que luchar por un ideal
es la semilla más fértil de la vida.
Amigos, que sus noches sea tan serena como un campo iluminado por la luna.
Tuve que poner el Blog como contenido para adultos porque lo denunciaron
Por imágenes obscenas.



2 comentarios:
Bello poema, tiene un toque melancolía y sueños. . Y tu blog y tus imagenes son geniales Te mando un beso.
Um poema belo, edificante e expressivo.
Grata pela agradável leitura.
Sobre imagrns obscenas, fico espantada!!
Dias agradáveis e inspirados-
Um abraço.
https://avivenciaravida.blogspot.com/
Publicar un comentario