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El anciano y la niña

 




En la galería de su casa, Don Eduardo miraba el vacío que le había dejado la vida. Sus tres hijos se habían marchado a otro país por trabajo, y Gertrudis, su esposa, había fallecido hacía cinco años. La soledad lo envolvía como un manto pesado, y los recuerdos se agolpaban: las travesuras de sus hijos, la risa compartida, la dulce mirada de su amada, que había sido el corazón de aquel hogar.

Un atardecer, absorto en sus pensamientos, escuchó una voz tímida y dulce:

—¿Está solo, señor?

El anciano levantó la vista. Frente a él estaba una niña de ojos brillantes.

—Sí… ¿y tú, pequeña? ¿Qué haces por aquí sola?

—Yo también estoy sola —respondió ella.



Don Eduardo no comprendía cómo una criatura tan pequeña podía estar sola, pero no quiso abrumarla.

—¿Cómo te llamas?

—Abril —dijo con una sonrisa.

—¿Puedo hacerle compañía?

—Claro —respondió el anciano—. Los dos vamos a hacernos compañía.



Desde entonces, compartieron tardes en el parque. Él le contaba historias de su juventud; ella hablaba de mariposas y grillos. Día tras día, Abril corría a sus brazos, y Don Eduardo, para ocultar sus lágrimas de emoción, giraba el rostro.

Mientras tanto, sus hijos seguían ausentes. Solo lo buscaban para pedir dinero. Nunca preguntaban cómo estaba. Un día, Eduardo les escribió una carta, emocionado por contarles que ya no se sentía solo gracias a la niña. La respuesta lo hirió: estaban ocupados, necesitaban dinero, y le pedían que vendiera su casa. Él anciano apretó la carta contra su pecho y sus ojos se nublaron.



Abril notó su tristeza.

—Don Eduardo, ¿Qué le pasa?

Él le confesó lo sucedido.

—No se ponga triste —dijo la niña con firmeza—. Venga a vivir conmigo.

Al día siguiente, Abril lo llevó a su hogar: una casita en lo alto de un árbol, hecha de troncos y ramas, perfumada por la naturaleza viva. Eduardo se preocupó por ella, tan pequeña y sola, pero también se maravilló de su fortaleza. Con el tiempo, se convirtieron en familia. Para él, Abril era la nieta que nunca había tenido.

Meses después, Abril llegó como cada día. Lo llamó, pero nadie respondió. Lo encontró en su viejo sillón, inmóvil.



—¡Despierte, Don Eduardo, despierte! —gritaba entre lágrimas. Pero comprendió que ya no volvería a abrir los ojos.
A los pocos días, sus hijos aparecieron para vender la casa. Sin embargo, un escribano les presentó un testamento: Don Eduardo había dejado la propiedad a Abril, junto con dinero para que estudiara y nunca le faltara nada.
Don Eduardo era todo para ella y la niña sintió
angustia y desolación.
Ya no lo vería mas.
Y  guardo todo su amor en su pequeño corazón.







 
Los años pasaron. Abril se convirtió en maestra y transformó la casa en un refugio para niños abandonados, al que llamó “El Refugio de Don Eduardo”. Abril agradecía a Dios por aquel anciano que le enseñó que la soledad puede convertirse en amor eterno.











Abril cada noche, al mirar las estrellas, agradecía al anciano que le enseñó el milagro de amar, gratitud y esperanzas y que dar es el comienzo de la felicidad.

Los niños que llegaban al refugio se sentían felices con Abril. Ella era su maestra, y la llamaban “mamá. Cada noche, Abril pedía a Dios por Don Eduardo y le agradecía todo lo recibido, que volcaba devotamente en sus pequeños.










El verdadero amor y la compañía no siempre vienen de la sangre, sino del corazón.
La soledad se vence con ternura: un gesto sincero puede cambiar una vida.
Quien da amor, deja huellas eternas que ni la muerte puede borrar.
La familia no siempre es la que nace contigo, sino la que te acompaña en tu camino.
La gratitud y el cariño sincero son el mejor legado que podemos dejar.
La verdadera familia no siempre es la que comparte tu sangre, sino la que comparte tu corazón.




Que la esperanza ilumine sus caminos, que la paz y el amor habite sus almas.

 Con alegría y unión, que florezcan los sueños… ¡Feliz Año Nuevo, amigos virtuales! 
Les deseo con todo mi corazón y cariño, éxitos en todo lo que emprendan, amor, salud y una bella unión Bloguera.
Paz en el Mundo



Amigos, les deseo con todo mi corazón que esta Año sea un Año de paz y amor para todos.
Les cuento que siempre para estas fiestas la pasamos en familia, somo 8 personas que nos vemos todos los días.
Pero este Año fue especial, éramos mas de 20 personas que se quedaron en casa hasta que pasaron las fiestas.
La temperatura era muy alta, llegamos a los 40 grados y se hicieron carpas en el jardín, les cuento que extrañaba mi privacidad.
Me gusta y disfruto de estar sola, la pasamos muy lindo pero fue agobiante y cansador para mi, mucha música y baile y los chicos todo el día en la pileta.
Pienso que mis hermanas, mis sobrinos se pusieron de acuerdo para venir porque en Marzo me tengo que someter a una cirugía del corazón.
Desde hace mas de un año que me tengo que operar y lo voy postergando, tengo una Aneurisma cardiaca.
Amo a mi familia, a mis hermanas y sobrinos pero no me acostumbro a tanto alboroto, yo mal pensada pensé...me están despidiendo por adelantado jajaja
Sean felices, disfruten cada momento, que el tiempo no se vaya al pasado o al futuro, disfruten el hoy que es lo que tenemos seguro.
Les agradezco cada comentario que llega a mi como una caricia, que este comienzo de año sus corazones se llenen de amor, bondad y humildad.
La paz mundial empieza en cada hogar y así se va extendiendo, juntos y con mucho amor y respeto lo lograremos.
Besos a todos, que Dios los bendiga y sonrían, que una sonrisa cura el alma y el cuerpo, los quiero amigos.  




 


Más allá...Canción


Cuando das sin esperar
Cuando quieres de verdad
Cuando brindas perdón
En lugar de rencor
Hay paz en tu corazón.
Cuando sientes compasión
Del amigo y su dolor
Cuando miras la estrella
Que oculta la niebla
Hay paz en tu corazón.






Más allá
Del rencor
De las lágrimas y el dolor
Brilla la luz
Del amor
Dentro de cada corazón
Ilusión
Navidad
Pon tus sueños a volar
Siembra paz
Brinda amor
Que el mundo entero pide más
Cuando brota una oración
Cuando aceptas el error
Cuando encuentras lugar
Para la libertad
Hay una sonrisa más.





Cuando llega la razón
Y se va la incomprensión
Cuando quieres luchar
Por un ideal
Hay una sonrisa más
Hay un rayo de sol
A través del cristal
Hay un mundo mejor
Cuando aprendes a amar
Más allá
Del rencor
De las lágrimas y el dolor
Brilla la luz
Del amor
Dentro de cada corazón



Ilusión
Navidad
Pon tus sueños a volar
Siembra paz
Brinda amor
Que el mundo entero pide más
Cuando alejas el temor
Y prodigas tu amistad
Cuando a un mismo cantar
Has unido tu voz
Hay paz en tu corazón
Cuando buscas con ardor
Y descubres tu verdad
Cuando quieres forjar
Un mañana mejor
Hay paz en tu corazón
Más allá (más allá)
Del rencor (del rencor)
De las lágrimas y el dolor
Brilla la luz
Del amor
Dentro de cada corazón
Ilusión (ilusión)
Navidad (Navidad)
Pon tus sueños a volar
Siembra paz
Brinda amor
Que el mundo entero pide más.





Gracias a todos por este año compartido amigos del alma

Este fue un año de aprendizajes y abrimos la puerta a un Año Nuevo. Que la Navidad nos inspire a vivir con esperanza y que el 2026 nos regale un mundo más justo y en paz.

Les deseo con todo mi corazon una Feliz Navidad junto a sus seres queridos y
un Prospero Año Nuevo.
Les deseo...Amor, Salud, Trabajo y buenos Amigos, que muchas veces son nuestra tabla de salvación.







 

Nunca pierdas la Esperanza

 

Eva era la menor de sus hermanas. Aquella Nochebuena, el mundo parecía oscurecido por el estruendo de la guerra. Las bombas sacudían la tierra y el miedo se colaba por cada rincón. Eva, con su inocencia intacta, salió de su casa buscando un poco de calma.
De pronto, una explosión estremeció la calle: su hogar había sido alcanzado. Con el corazón desgarrado, gritó desesperada:
¡Ayuda, ayuda! ¡Mis hermanas están allí!



Un bombero, con voz grave, murmuró que nadie podría haber sobrevivido. Eva cayó de rodillas, llorando con un dolor más fuerte que el ruido de las bombas. Juntó sus manitos y rezó:
Jesús, sé que eres un niño pequeño, pero te pido ayuda. No me dejes sola esta Nochebuena.
El silencio parecía infinito. Eva apoyó su cabecita en las rodillas, preguntándose qué mal habían hecho para sufrir tanto los niños en esa guerra que no era su guerra.


Entonces, un grito rompió la oscuridad:
¡Hay dos niñas en los escombros, están vivas!
Los bomberos rescataron a sus hermanas, ilesas, como si una luz invisible las hubiera protegido. Eva corrió hacia ellas y, con lágrimas de alegría, volvió a juntar sus manos:





Gracias, Jesús. Eres tan pequeño y tan grande a la vez.
Aquella noche, entre ruinas y lágrimas, Eva comprendió que la Navidad no es solo luces ni regalos, sino la certeza de que el amor y la fe pueden vencer incluso en los momentos más oscuros.








La Navidad nos recuerda que, aun en medio de la adversidad, la esperanza y el amor verdadero son más fuertes que cualquier oscuridad.

En estas fiestas deseo que la paz abrace sus hogares, que el amor guíe sus pasos y que la esperanza nos acompañe hacia un Año Nuevo sin guerras.

Que la magia de la Navidad nos recuerde que la amistad es el mejor regalo, y que el Año Nuevo nos encuentre unidos, sembrando paz y compartiendo amor.



Pido disculpas por no poder pasar a visitarlos, todas las semana se corta la luz y viene, a veces 1hs y otras todo el día.
 
Gracias por su compañía, besos



Voy a apagar la luz...(Canción)

 






Voy a apagar la luz
Para pensar en ti
Y así dejar soñar
A mi imaginación

Allí, donde todo lo puedo
Donde no hay imposibles
Qué importa vivir de ilusiones
Si así soy feliz.








Pero como te abrazare
Cuánto te besaré
Mis más ardientes anhelos
En ti realizaré

Te morderé los labios
Me llenaré de ti
Y por eso voy a apagar la luz
Para pensar en ti.












Versos

 





La felicidad no se compra,
se cultiva en silencio,
como un jardín eterno
que florece en tu interior.
Es ternura,
es pasión que despierta,
es calma que sostiene,
es tu amor que brilla.
y apasiona mi ser.









Labios de fuego,
la pasión se despierta,
calor en la piel.
Cúbreme cielo
con tu ternura.
Arde todo mi ser.















No soy sombra,
soy fuego que ilumina
mi propio destino.
La calma me arma,
la confianza me eleva,
soy fuerza viva.
El amor me habita.















Manos unidas,

la tormenta se disuelve,

brilla la calma.

Eres faro y refugio,

Eres mi dulce amor

acaricias mi alma.











Mi amor, ámame siempre,
Cuando deje este mundo
dadme vida
En tus recuerdos
No me dejes en el olvido. 















El parque de los sabios



Cada tarde, cuando el sol comenzaba a pintar de oro las hojas del parque, Alma llegaba con su cuaderno en mano. Tenía nueve años, ojos grandes como preguntas sin respuesta, y una mochila que parecía más pesada de lo que su cuerpo podía cargar. No por los libros, sino por el silencio que sus padres le habían dejado al irse.
Alma no hablaba mucho con otros niños. Prefería sentarse en el banco de madera cerca del lago, donde los ancianos del barrio se reunían a conversar. Al principio, solo escuchaba. Historias de juventud, guerras, amores perdidos, recetas de sopa, y risas que parecían venir de otro tiempo.
Un día, don Ernesto, con su bastón de roble y voz de trueno suave, le preguntó:
¿Y tú, pequeña, por qué vienes sola?
Alma bajó la mirada. No sabía cómo explicar el hueco que sentía. Pero don Ernesto no insistió. Solo le dijo:
A veces, el alma se llena más escuchando que hablando.
Desde entonces, Alma empezó a escribir lo que oía. Doña Clara le enseñó a tejer palabras como hilos de consuelo. Don Miguel le habló de cómo el dolor puede ser como una piedra en el zapato: molesta, pero no impide caminar si sabes dónde pisar.
Con el tiempo, Alma dejó de sentir que estaba sola. Cada historia que escuchaba era como una semilla que germinaba en su corazón. Aprendió que el abandono no define a una persona, pero la forma en que se enfrenta sí.



Una tarde, mientras el viento jugaba con su cabello, Alma escribió en su cuaderno:
Mis padres se fueron, pero encontré raíces en palabras ajenas. Y ahora, soy un árbol que no teme al invierno.
Desde entonces, el banco de los sabios no fue solo un lugar en el parque. Fue su hogar.
Una tarde de otoño, cuando las hojas crujían bajo sus zapatillas y el viento olía a despedida, Alma llegó al parque con el corazón más pesado de lo habitual. Don Ernesto no estaba. Tampoco doña Clara ni don Miguel. El banco de los sabios estaba vacío.
Se sentó sola, mirando el lago, cuando escuchó una voz suave a su lado:
¿También te gusta escuchar el silencio?
Era un niño de su edad, con una bufanda azul y una sonrisa tímida. Se llamaba Simón. No llevaba cuaderno, pero sí una caja de lápices de colores. Dibujaba árboles con raíces largas y ramas que tocaban el cielo.
Yo dibujo lo que no puedo decir —le confesó—. A veces, los colores entienden mejor que las palabras.
Desde ese día, Alma y Simón se encontraron cada tarde. Ella escribía, él dibujaba. A veces hablaban, otras veces no. Pero en ese silencio compartido, Alma sintió algo nuevo: compañía y ternura.





Simón no le preguntó por sus padres. No necesitaba saber. Solo le ofrecía su presencia, su risa, y sus dibujos llenos de esperanza. Un día, le regaló uno: un árbol enorme, con un banco debajo y dos niños sentados. En el tronco, había escrito:
"Las raíces no siempre se ven, pero sostienen todo lo que somos."
Alma lo guardó en su cuaderno, entre las historias de los ancianos y sus propias palabras. Y por primera vez, entendió que el dolor no desaparece… pero se vuelve más liviano cuando alguien lo comparte.
A veces, llega alguien y toca tu alma no tiene cuerpo, pero sí presencia y sientes que nace un puro amor.


Un abrazo enorme y besos, de esos que no se ven pero se sienten 
Hasta mañana, que descansen con sueños suaves y luz en el corazón.

Disculpen que sea tan largo el cuento, hace 5 días que no tengo Internet ni Cable, me quise cambiar de empresa pero en mi barrio no pasa otra.
Estaba aburrida y escribía, les dejo un pedacito de mi en este cuento real, con un poco de ficción.
No se cuando se va arreglar este problema con Internet, ni ellos saben, uno llama y lo atiende una maquina que no te da soluciones ni información.



Escuchemos y amemos a nuestros mayores, ellos son fuente de sabiduría. 



 







 

Haikús

 









Tu voz me envuelve,
como brisa en verano,
calma mi alma.













Silencio dulce,

cuando tus labios rozan

mi corazón.











Distancia larga,
pero tu alma cerca,
como un suspiro.














En la penumbra,
tu esencia me acaricia,
sin estar cerca.

Te pienso y llegas, 
sin tocar la puerta,
Amado mío.













Sufrí Bullying

 

Lucía tenía 14 años y una sonrisa que no se quebraba. En el colegio, algunos compañeros se burlaban de su forma de vestir, de sus rizos rojizos rebeldes, de su voz firme cuando opinaba en clase, de su cara llena de pecas. Le decían cosas crueles, como si las palabras fueran piedras. Pero Lucía tenía algo que ellos no entendían: confianza.





Cada día llegaba al aula con la cabeza en alto, con insultos de sus compañeros que le decían...llego la chica zanahoria por su cabello, o le decían que había tomado sol con un colador y también que las moscas le habían llenado la cara de caca por sus pecas.

Ella no respondía ni con lágrimas. Respondía con excelencia. Participaba, ayudaba, creaba. Su cuaderno era un jardín de ideas, y su mirada, un faro que no se apagaba.

Al principio, las burlas crecían como maleza. Pero Lucía no se detenía. En los recreos, dibujaba. En los actos escolares, recitaba poemas. En los debates, defendía sus ideas con respeto y firmeza. Poco a poco, algo cambió.



Lucia estaba orgullosa de sus pecas, de su cabello rojizo y de sus hoyuelos que se le hacían en sus mejillas cuando sonreía. 

Una compañera que antes se reía, le pidió ayuda con una tarea. Otro que la ignoraba, la eligió para un trabajo en grupo. Y así, como quien riega sin esperar, Lucía fue ganando respeto. No porque se hiciera invisible, sino porque brillaba sin pedir permiso.



Un día, el profesor de literatura pidió que alguien leyera un texto frente a todos. Lucía se ofreció. Leyó un poema que hablaba de espejos rotos, de cómo la belleza no está en el reflejo perfecto, sino en las grietas que cuentan historias.







Cuando terminó, hubo silencio. 
Luego, aplausos. 
Y entre ellos, los que antes la habían herido.
Lucía no cambió para gustarles. 
Ellos cambiaron al verla ser ella misma.








A veces, quienes intimidan a otros lo hacen para sentirse superiores o esconder sus propias inseguridades.

Al acosar a otros, el agresor intenta aumentar su propio valor, proyectando sus inseguridades en sus compañeros para sentirse mejor consigo mismo. Este mecanismo, aunque dañino, es una manera de manejar su falta de autoestima.


 A los acosadores les encanta obtener una reacción por parte de sus víctimas. Si te alejas y los ignoras, les estás enviando el mensaje de que lo que te hacen no te afecta.

trasmitirles la idea de que no eres vulnerable.

Aunque todos seamos diferentes, es importante tratar a todo el mundo con respeto.

Lamentablemente este proceder esta llevando a varios chicos y  jóvenes al suicidio.

Hace una semana falleció la hija de una amiga muy querida por este motivo,
se fueron todos a dormir y a la mañana la encontraron muerta, se había tomado un frasco de pastillas.
Esto esta pasando en todo el mundo, en colegios y trabajos, si vemos un hecho así, hay que denunciarlo.

Si llegaste hasta acá, GRACIAS.
Lo sufrí y hoy extraños mis pecas que el tiempo las fue borrando.
Cuando hablemos de Belleza que no sea la exterior, miremos la belleza interior.







♥La Vida está hecha de alegres y tristes Momentos. Disfrutemos cada día como si fuera el último de nuestra vida♥